miércoles, 25 de febrero de 2015

Momentos.

En estos días que siento que te extraño más, como si hubiese sido ayer que me despedí de ti.
Como si el tiempo estuviera detenido en ciertas horas del día. 
Me pongo a pensar y me gusta imaginar que a esas horas específicas del día tu también estas pensando en mi con la misma intensidad y entonces te escribo algo y me recuesto a mirar un rato la luna y me pongo a creer que lo lees en el mismo instante en que lo termino. 

martes, 17 de febrero de 2015

Otra vez

Ahí viene otra vez la luna con tu recuerdo muerto, con su paso lento; con sus miradas largas por entre las hojas de los árboles. Llenando de luz brillante esta noche que ya no es más tuya ni mia.
Y la veo asomándose, y sabes...como que de repente vuelvo a sentir el olor de las sillas de tu carro o el sabor de tus comidas de tarde o el de tu bondad y tu suerte y tus miedos y tus disgustos.
Otra vez los golpesitos en el pecho.

Y trato de no tomarme el cuento tan en serio, porque quiero ser como tu. Entonces te digo adiós. Pero en las noches de luna, luna como esta. Llámale absurdo, utópico, demente quizá. Pero, el telón se abre y de nuevo están tus manos y tu piel, y tus piernas cerrándose conmigo y tu pelo, y tu voz y otra vez tus vestidos blancos.

viernes, 13 de febrero de 2015

El amor existe...

El amor existe, me se su dirección. Pero no es para mi, no ahora, no mañana, no en todos los tiempos del verbo, ni en todos los tiempos de las tardes de febrero.
Lo que me queda del amor es una foto, y de cuando en cuando la tibia sensación de tener sus manos en mi espalda, su respiracion, a ratos sus miradas torcidas y malencaradas, su boca limpia, su sonrisa clara; sus besos, en mis labios que ahora duelen, sus besos en ningun lado.






viernes, 6 de febrero de 2015

Tal vez.

De suerte que hoy no salio la luna a traer tu recuerdo muerto. De suerte las nubes que la ocultan y el resplandor brillante de la ciudad de esta hora que distrae la vista.
Y pienso: si tan solo hubiera sabido como quererte, tal vez odiaría las nubes de hoy.
Tal vez aun fuera octubre.

martes, 27 de enero de 2015

El sapo y la piedra

Después de una fuerte tormenta, un sapo salió de paseo a la orilla del río. Hacia mucho tiempo no lo hacia, así que se sintió muy animado, además que al terminar la fuerte lluvia, todo el cielo se despejó y la luna quedó brillando y solo a ratos una nube pequeña la cubría y descubría rápidamente.
Al llegar a la orilla mas clara del río, notó algo extraño en el agua y se acercó a ver de qué se trataba. Era una piedra blanca que resplandecía con la luz de la Luna y tenía una sonrisa que dejó completamente atónito al sapo.
El se acercó y le habló, la piedra le respondió contenta y sonriente, así que el sapo se quedó con ella hasta que amaneció.
Hablaron de muchas cosas, estaban felices los dos por haberse conocido.
Pasaron días y la piedra le perdió al sapo que la visitara mas seguido, entonces la amistad fue creciendo. Él le escribía poemas y ella amaba escucharlo recitar en la charca mas cercana. Ella le decía que su voz era como la de un ángel y que amaba cada linea que él le escribía. Así pasaron muchos días más y el sapo incontrolablemente se enamoró de la piedra.
Le dijo mil veces que la amaba. Se lo repitió tantas veces con un miedo terrible a que ella dejara de oírlo y así se le olvidara quererlo de vuelta. Pero ella despertó una mañana y vio en  su orilla una carta más del sapo, pero esta vez no quiso leerla. La metió al agua y dejó que se deshiciera con la humedad.
Todos los días él llevaba su carta y la dejaba en la orilla. Ella las sumergía sin leerlas.

-Ya no vuelvas más. Guarda tus cartas que ya no quiero leerlas.- Dijo la piedra.
- Pero, por qué? Si antes te gustaban y ahora ni las lees. Que ha pasado?- Preguntó el sapo.
La piedra guardó un silncio absoluto, cerro sus ojos y se sumergió tan profundo que el sapo ya no pudo verla.
Pero aun así, el volvía y volvía, todos los días a ver si ya la podía ver.
Empezó a inventarla en la luna, a soñar, con un beso de agua, con una mirada que nunca llegaría.
Se cansó de ir a buscarla, pero nunca dejó de escribirle hasta llenar mil cuadernos con sus promesas y su dolor. Pero no sirvió de nada.
Una tarde de enero se volvieron a ver por las mismas orillas y ya nada era igual.
La piedra lo miraba como si lo odiara, como si tuviera asco del sapo.

-Tal vez son mis babas, o mi boca sin dientes, o el saber que no soy una piedra como ella, clara y resplandeciente; que no soy del agua y que tengo damasiada peste en estas piernas saltarinas. - Pensó el sapo.
Se detuvo en un camino, en uno de sus paseos nocturnos y le pidió un deseo al dios del bosque: pidió ser una piedra blanca, que la luna la iluminara por encima del agua cristalina.
El dios del bosque le dijo que si quería ser una piedra para que lo amaran, nunca le iba a conceder ese deseo, ya que el amor es el unico sentimiento que un dios no puede dominar.
El sapo le respondió:
- yo no quiero ser una piedra para que ella me ame, yo quiero ser una piedra para no sentir nada, para que el agua no me humedezca ni la luz de la luna me afecte; yo quiero ser una piedra para que no me duela el corazón, para no tener manos con las cuales escribirle más poemas, para sumergirme sin importarme nada. Para eso quiero ser una piedra.
El dios del bosque le dijo:
-Déjame pensarlo unos días y te tendré la respuesta a tu deseo.
Y el sapo se quedó esperando y escribió este cuento una y otra y otra vez, hasta endurecerse sin resentmientos, sin pesares, sin amor,  y asi logró ponerle el final a esta historia con su imagen reseca y pesada hundiéndose lentamente en el pantano.

lunes, 26 de enero de 2015

Estupideces.

Quería llamarte, decirte que me hiciste sentir como Morelo, o como Ted Bundy, uno de esos a los que todos les huyen.
Quería decirte que te odio, que estoy con alguien más, y otras mentiras. Quería decirte que yo merecía un abrazo y no la foto griz de los mensajes.
Que no fue mi intención estirar las patitas de tus gafas ni sentarme al borde del mueble para dañarlo, ni decirte que te amaba, ni escribirte, ni esperarte, ni dejarte este mensaje que solo entenderías tu.

El piano de jhon.

En medio de una charla cualquiera en un lugar cualquiera me ha pasado que empiezo a dejar de oír lo que me dicen.
Respondo con la cabeza o con sonrisas a lo que sea que me están diciendo, y se va mi mente volviendo una especie de túnel que ahoga el exterior.
Y empiezo a fabricar tu imagen allí conmigo, aquí conmigo. Y miro mis manos: están tan vacías, tan vacías!. Como si nunca hubieran agarrado nada,  como si nunca te hubieran tocado.
Y solo queda el piano de jhon golpeando con tanta fuerza que mis ojos se llenan de espejos.
Ya sabes que dije que no seria así, tu me dijiste que no querías que fuera así.
Sigo en el túnel, esperándote, sabiendo que no volverás. No me da vergüenza decirlo ni saberlo, ni sentir que aun estas en esa canción. Que hay días que solo soy esa canción de jhon que cantábamos en la distancia, cuando aun no dolíamos.
"Couse al of me..."aun cuando no estas. Como cuando estabas.
Hoy en una de esas plazas de la ciudad alguien espera por mi.
Ya no es lo mismo sabes, tal vez vaya, aun cuando se que si voy dejaré mi amor en la cama y al cerrar la puerta él se quedara ahí, esperándome.
Ya no es lo mismo. Te llevaste todos mis poderes y ya no tengo ganas de salvar el mundo.
Y hoy, por lo menos esta tarde, apagaré la radio, preparare un café y haré como si nada.